24 de febrero de 2012

Utopía de la sociedad perfecta

¿Por qué utopía? Porque todos los humanos deberíamos de participar y gran cantidad de ellos tendrían que ‘sacrificarse’ por el bienestar de otros. Porque en muchas cosas habría que empezar desde el principio. Porque deberíamos de conocer los verdaderos valores y respetarlos. Porque se tendría que culturizar y educar a la gran mayoría partiendo de esos valores. A fin de cuentas, porque el pensamiento actual no tiene esperanza y da por hecho que estos porqués resultan ser tan solo utopías.

A simple vista, la sociedad en la que vivimos es perfecta, siempre y cuando sea vista desde la perspectiva de una persona media o superior a nivel económico cultural y social. Pero realmente, la sociedad que nos ha tocado vivir es desastrosa y es como un barco sin timón que se dirige directamente al caos. Son tantas cosas, tantas desigualdades e injusticias…

Para empezar, en la sociedad perfecta lo más importante son las personas y la naturaleza. Los seres humanos deben cuidar de la tierra lo máximo posible, y por supuesto, nunca hacer algo que la afecte negativamente. Por eso no se contamina ni se arrebata la libertad y la vida de muchos animales. Los seres humanos se respetan y cuidan los unos de los otros. No existe la avaricia ni la envidia. Todos no somos iguales, pero tenemos los mismo derechos, no puede haber alguien con privilegios. Además, no existen las fronteras, nacemos todos en el mismo mundo.

Los seres vivos necesitamos de agua, alimentos y aire para sobrevivir. Estas tres cosas nunca le faltan a ninguno de nosotros. Nada puede ponerse entremedio, nadie puede decidir quién puede comer y quién no, nunca se comercializa con las materias básicas que hacen que no nos muramos.

El dinero no tiene importancia, aquí el único dios es el amor interior de cada persona. La gente ayuda; el individualismo se transforma en solidaridad. No hace falta enviar dinero a países del tercer mundo porque la balanza se ha equilibrado, se acabaron las desigualdades.

La educación es la base de la sociedad, no se enseñan mentiras, no se intenta persuadir ni se prepara para un mundo de competitividad. Se practican los verdaderos valores, en las clases también se aprende a ser persona.

Los medios de comunicación tampoco mienten, tampoco persuaden ni incitan a la competitividad. Su objetivo es informar, pero esta información no está supeditada por ninguna institución o empresa. Los periodistas escriben para el pueblo, sin censura. Las libertades de expresión y de información son tan lógicas como la libertad de pensar.

La guerra es historia, la paz reina. No se fabrican armas, no sirven para matar. Los ejércitos solo existen en miniatura; los soldados, en plomo.

Cadena humana