2 de enero de 2011

Todos somos iguales

Todos somos iguales, todos somos uno. Al menos así tendríamos que ser. Las mariposas revoloteando que se sienten cuando estás enamorado, las deberíamos sentir todo el tiempo, todos, por cualquier cosa, o mejor dicho, por nada, simplemente porque así es la vida. ¿Por qué si no tenemos está vida? Una vida que se acaba, que está cronometrada, porque cuando se pare el reloj, ya todo termina, ya todo desaparece y ya está. No hay más. Por eso debemos aprovechar la vida para ser felices. No más enfados, no más peleas, no más dolor, no más conflictos, no más guerras, no más muertos. De qué sirve un mundo así. Yo no desperdiciaría la única vida que tenemos, porque no hay más, pensando en hacer la guerra. Se necesita a todo el mundo. Al panadero, al músico, al escritor, al basurero, al bombero, al médico, al profesor… Pero no desperdicies tu vida. No se necesita que alguien haga la guerra. Por lo que no la hagas. Será una vida más desperdiciada que se necesitaba.